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Libros de Cábala clásica

Los “grandes” libros de la Cábala, también tienen debate entre los investigadores acerca de la fecha de creación e inclusive en algunos casos los propios autores. Sea como fuere, una de las dificultades para realizar un histograma correctamente es que, en la antigüedad, la Cábala era una sabiduría no escrita –como hemos comentado antes– que se transmitía solamente de maestro a alumno. La segunda dificultad radicaba en que sólo se estudiaba en círculos muy cerrados de eruditos, en absoluto secreto. El ocultismo era mantenido por propia voluntad, así como por la animadversión política y/o religiosa de cada época –incluso el judaísmo–. En cualquier caso, es un sabiduría antigua o muy antigua.


Desde un punto de vista intelectual, estos son algunos de los libros más influyentes de la Cábala antigua y medieval que forman el “cuerpo dogmático” de la Cábala predecesora a la Cábala contemporánea/moderna:


El Sefer Yetzirah


Autoría –4 teorías–:

Siglo XVIII a.C., atribuido a Abraham o plasmado la tradición oral de este.

Siglo II a.C., autor desconocido.

Siglo I, atribución a Yosef ben Uriel.

Siglo I, atribución a Akiba ben Losef.

Contenido:

Entendible para cabalistas.

La presentación del texto es dogmática.

Cosmogonía y cosmología.

Se inspira en ideas y conceptos astrológicos y cosmogónicos especialmente procedentes del gnosticismo.

El judaismo se dota de una nueva manera de explicar la Creación.

Poder de las letras del alfabeto arameo/hebreo.

Dios había creado al hombre y lo había hecho a imagen y semejanza suya, este también podía, pues, crear.

Aparece por primera vez el concepto de Sefirot y Árbol de la Vida.


El Bahir


Autoría –2 teorías–:

Siglo I, atribución a Rabí Nehunia ben hakana.

Desconocido.

Contenido:

Entendible para cabalistas.

Primera parte,  «El primer verso de la Creación», se brinda una explicación de la primera parte del Génesis.

Segunda parte “Aleph–Beth”, se dan enseñanzas sobre el significado esotérico de las letras hebreas.

Tercera parte, «Las siete voces y las Sefirot», se trata sobre la «voz» divina.

Cuarta parte, «Los diez Sefirot» se habla sobre el porqué del nombre «Sefirot» y su naturaleza.

Quinta parte, «Misterios del Alma», se trata, entre otros asuntos sobre la reencarnación.


El Zohar 


Autoría –2 teorías–:

Siglo II, atribución a Shimon bar Yojai.

Siglo XII, atribución a Mosé ben Sem Tob de León.

Contenido:

Entendible para cabalistas.

Libro central de la Cábala.

Está comprendido por exégesis (Midrashim) bíblicas (la Torá), organizadas según la porción semanal de lectura de  (la parashá semanal).

El Zohar está dividido en tres cuerpos centrales:

El Zohar original,

Los “Senderos de la Torá” (Sitrei Torá) y el “Comentario Desaparecido” (haMidrash haNe’elam),

Re’ia Mehimana y “Arreglos” (Tikunim).


La Torá


Autoría –3 teorías–:

Siglo XIV a.C., atribuido a Moisés.

Siglo XIV a.C., por entrega “divina” a Moisés.

Desconocido

Contenido:

Los libros que forman el Pentateuco son:

Génesis — Bereshit, «En el comienzo»

Éxodo — Shemot, «Nombres»

Levítico — Vayikrá, «Y llamó»

Números — Bemidbar, «En el desierto»

Deuteronomio — Devarim, «Palabras»/»Cosas»/»Leyes».


Los teólogos judíos, así como los cabalistas, afirman que la Torá (pentateuco o Antiguo Testamento para los cristianos), dispone de 4 niveles de interpretación:

1 Peshat es la interpretación simple o literal.

2 Remez es el conjunto de pistas y alusiones.

3 Midrash es el significado más profundo.

4 Sod es el significado secreto, oculto o místico.

Los cabalistas estudian y analizan desde hace siglos la Torá en su “versión” Sod, es decir, secreta u oculta, intentando revelarlos. Para ellos, la Torá es un libro/conocimiento de procedencia “divina” o “extrahumana”, escrito en un código oculto por una inteligencia o energía superior –algunos lo denominan Dios, Creador o Ein Sof que es infinito en hebreo–, donde están todos los secretos de como funciona el universo, así como sus leyes, al margen de que las religiones posteriormente lo usarán como corpus nuclear de interpretación religiosa –judaísmo, cristianismo e incluso parte del islamismo–.

Dios y la ciencia

Stephen Hawking es posiblemente el científico más mediático del siglo XXI –hasta ahora–.

En su último libro Breves respuestas a las grandes preguntas, responde a las grandes preguntas de la humanidad desde su enfoque científico e incluso me atrevería a decir desde su enfoque personal como científico. El libro no estaba finalizado en el fallecimiento de Hawking y su familia con un conjunto de expertos, accediendo al archivo personal, finalizaron la obra.


Hawking en el primer capítulo del libro realiza la eterna pregunta: ¿Dios existe?.

Como buen científico, argumenta que el universo está dirigido por leyes de la naturaleza y que estas siempre son leyes fijas. Al ser estas leyes fijas e inalterables, no puede un Dios que a su voluntad o libre albedrío las pueda transgredir.


Hawking: “Si se acepta, como yo lo hago, que las leyes de la naturaleza son fijas, no tardamos en preguntarnos: qué papel queda para Dios”.


La presunción de Hawking –y de la ciencia en general–, es que la existencia de un Dios con leyes fijas de la naturaleza, es incompatible por el mero hecho de que las leyes son fijas, es decir, anulan la hipótesis de la existencia de un Dios que “permita” leyes fijas en la naturaleza.


“Podríamos definir a Dios como la encarnación de las leyes de la naturaleza”, es la descripción que realiza Hawking de Dios y puntualiza “Utilizo la palabra Dios en un sentido impersonal, como lo hacía Einstein, para designar las leyes de la naturaleza, por lo cual conocer la mente de Dios es conocer las leyes de la naturaleza” .



Análisis desde la Cábala


Hawking a igual que Einstein, usaban la palabra Dios en un sentido impersonal –para designar las leyes de la naturaleza–. La Cábala está totalmente de acuerdo. El “Dios” de la Cábala es impersonal, con leyes fijas de funcionamiento –como dice Hawking que deben ser­–, y no es un Dios “infantil” con barba blanca, similar al Dios de algunas religiones.


La ciencia presupone que la existencia de Dios va emparejada con la intención de Dios de no crear leyes fijas, es decir, solamente su voluntad –postulado cultural que nace en algunas religiones–. Sin embargo, la diferencia entre la ciencia y la Cábala, es que para la Cábala no es incompatible que las leyes de la naturaleza sean fijas con la existencia de “Dios” –este es el eslabón perdido de la ciencia o algunas religiones–. Es decir, la ciencia presupone de que si existiera Dios este no decretaría leyes fijas sino la voluntad de Dios. Para la Cábala, la única voluntad de Dios ha sido decretar –crear– leyes fijas.


Los cabalistas dicen que Dios es Luz –energía– y lo denominan  “técnicamente” Ein Sof –infinito en hebreo–. No debemos confundir el Infinito de la Cábala con el infinito matemático. El Ein Sof se encuentra fuera de toda posibilidad de numeración y de causa efecto, porque no es la primera causa, sino que transciende todas las causas y todos los efectos. El Ein Sof es una luz –energía– infinita que lo “ocupa todo”,  sin espacios. El único acto “de fe” que realizan los cabalistas es la existencia del Ein Sof, es decir, no pueden explicar porque existe. Para el resto del proceso y funcionamiento de la creación, desde lo más grande a lo más pequeño del universo, tienen postulado.


El Ein Sof, no es bueno ni malo para los cabalistas –lo es todo– y funciona con leyes fijas. Esas leyes fijas son algunas de ellas conocidas por la ciencia, otras aún no. Algunas de ellas serán desarrolladas en párrafos posteriores.



Reflexión

La cultura –y la manipulación­– de algunas religiones, ha dejado una clara influencia en el inconsciente colectivo de nuestras sociedades, desde hace milenios. Creer en Dios de la forma que comenta Hawking –que sería la opinión de la mayoría de la sociedad moderna–, en el imaginario colectivo va asociado a una antítesis entre una cosa y otra, es decir, si crees en Dios no puedes creer que este mundo tiene unas leyes fijas de funcionamiento y viceversa.


En el caso de la Cábala, la cuestión no es así. Los cabalistas –desde hace milenios– han mantenido que las leyes de la naturaleza, son fijas –la ciencia medieval y antigua no siempre ha tenido esa opinión–, así como la existencia de un Dios –energía inteligente–. La Cábala no acepta la hipótesis que el universo se haya creado de la nada absoluta, como opina la ciencia moderna ­–lo veremos en el apartado creación del universo–. Creer en un Dios ­–la Cábala­– y creer en la nada absoluta –la ciencia–, en mi opinión, es el mismo acto de fe. No pueden explicar porque Dios existe, ni porque existe la nada.