Dios y la ciencia

Stephen Hawking es posiblemente el científico más mediático del siglo XXI –hasta ahora–.

En su último libro Breves respuestas a las grandes preguntas, responde a las grandes preguntas de la humanidad desde su enfoque científico e incluso me atrevería a decir desde su enfoque personal como científico. El libro no estaba finalizado en el fallecimiento de Hawking y su familia con un conjunto de expertos, accediendo al archivo personal, finalizaron la obra.


Hawking en el primer capítulo del libro realiza la eterna pregunta: ¿Dios existe?.

Como buen científico, argumenta que el universo está dirigido por leyes de la naturaleza y que estas siempre son leyes fijas. Al ser estas leyes fijas e inalterables, no puede un Dios que a su voluntad o libre albedrío las pueda transgredir.


Hawking: “Si se acepta, como yo lo hago, que las leyes de la naturaleza son fijas, no tardamos en preguntarnos: qué papel queda para Dios”.


La presunción de Hawking –y de la ciencia en general–, es que la existencia de un Dios con leyes fijas de la naturaleza, es incompatible por el mero hecho de que las leyes son fijas, es decir, anulan la hipótesis de la existencia de un Dios que “permita” leyes fijas en la naturaleza.


“Podríamos definir a Dios como la encarnación de las leyes de la naturaleza”, es la descripción que realiza Hawking de Dios y puntualiza “Utilizo la palabra Dios en un sentido impersonal, como lo hacía Einstein, para designar las leyes de la naturaleza, por lo cual conocer la mente de Dios es conocer las leyes de la naturaleza” .



Análisis desde la Cábala


Hawking a igual que Einstein, usaban la palabra Dios en un sentido impersonal –para designar las leyes de la naturaleza–. La Cábala está totalmente de acuerdo. El “Dios” de la Cábala es impersonal, con leyes fijas de funcionamiento –como dice Hawking que deben ser­–, y no es un Dios “infantil” con barba blanca, similar al Dios de algunas religiones.


La ciencia presupone que la existencia de Dios va emparejada con la intención de Dios de no crear leyes fijas, es decir, solamente su voluntad –postulado cultural que nace en algunas religiones–. Sin embargo, la diferencia entre la ciencia y la Cábala, es que para la Cábala no es incompatible que las leyes de la naturaleza sean fijas con la existencia de “Dios” –este es el eslabón perdido de la ciencia o algunas religiones–. Es decir, la ciencia presupone de que si existiera Dios este no decretaría leyes fijas sino la voluntad de Dios. Para la Cábala, la única voluntad de Dios ha sido decretar –crear– leyes fijas.


Los cabalistas dicen que Dios es Luz –energía– y lo denominan  “técnicamente” Ein Sof –infinito en hebreo–. No debemos confundir el Infinito de la Cábala con el infinito matemático. El Ein Sof se encuentra fuera de toda posibilidad de numeración y de causa efecto, porque no es la primera causa, sino que transciende todas las causas y todos los efectos. El Ein Sof es una luz –energía– infinita que lo “ocupa todo”,  sin espacios. El único acto “de fe” que realizan los cabalistas es la existencia del Ein Sof, es decir, no pueden explicar porque existe. Para el resto del proceso y funcionamiento de la creación, desde lo más grande a lo más pequeño del universo, tienen postulado.


El Ein Sof, no es bueno ni malo para los cabalistas –lo es todo– y funciona con leyes fijas. Esas leyes fijas son algunas de ellas conocidas por la ciencia, otras aún no. Algunas de ellas serán desarrolladas en párrafos posteriores.



Reflexión

La cultura –y la manipulación­– de algunas religiones, ha dejado una clara influencia en el inconsciente colectivo de nuestras sociedades, desde hace milenios. Creer en Dios de la forma que comenta Hawking –que sería la opinión de la mayoría de la sociedad moderna–, en el imaginario colectivo va asociado a una antítesis entre una cosa y otra, es decir, si crees en Dios no puedes creer que este mundo tiene unas leyes fijas de funcionamiento y viceversa.


En el caso de la Cábala, la cuestión no es así. Los cabalistas –desde hace milenios– han mantenido que las leyes de la naturaleza, son fijas –la ciencia medieval y antigua no siempre ha tenido esa opinión–, así como la existencia de un Dios –energía inteligente–. La Cábala no acepta la hipótesis que el universo se haya creado de la nada absoluta, como opina la ciencia moderna ­–lo veremos en el apartado creación del universo–. Creer en un Dios ­–la Cábala­– y creer en la nada absoluta –la ciencia–, en mi opinión, es el mismo acto de fe. No pueden explicar porque Dios existe, ni porque existe la nada.