La creación del universo

El gran filosofo griego Aristóteles después de la observación del cielo, llegó a la conclusión que todos los astros y cuerpos celestes se comportaban de forma “ordenada” –orbitas–, constantes y por tanto predecibles. En consecuencia, la conclusión fue que el universo siempre ha existido –no tiene inicio– y es infinito, anulando en su opinión la hipótesis de existir un creador o Dios –no era necesario–. En épocas posteriores científicos como Nicolás Copérnico (1573-1543), Galileo Galilei (1564-1642), Isaac Newton (1643-1727) y sus telescopios, avanzaron mucho en el estudio del cielo –desmintieron que la tierra fuera el centro del universo–.


No obstante, no “anularon” la teoría de Aristóteles sobre la eternidad del universo. Desde entonces y durante más de 2000 años, esta ha sido la “versión” oficial de la ciencia: El universo es eterno, infinito, no tiene inicio y no tiene fin.

Incluso Einstein cuando creo la teoría de la relatividad general, incluyó una constante matemática para conservar la idea de un universo en estado constante.


En 1929, con el telescopio más potente de la época situado en el monte Wilson (EEUU), Edwin Hubble observó que existían más galaxias fuera del sistema solar. Tras años de observación, detección de nuevas galaxias y cuerpos celestes, llegó a la concusión de que el universo estaba en expansión, es decir, que en algún momento de la historia estuvieron todas las galaxias del universo juntas y que ahora se iban dispersando o alejando del punto inicial. Años posteriores y con telescopios más potentes, Georges Gamow confirmo la teoría de la expansión del universo de Hubble.


En 1948, Gamow amplió la teoría de expansión del universo y dijo que el universo había empezado en un punto único, en el cual se creo una “explosión” que dio lugar a la formación del universo. Había nacido definitivamente la teoría del Big Bang. Posteriormente en 1965 Arno Penzias y Ribert Wilson corroboraron la radiación que había descubierto Gamow en su teoría del Big Bang.

Desde entonces –y hasta la actualidad–, la ciencia ha adoptado la teoría del Big Bang como el proceso de creación del universo, con tres matices: el universo empezó en un momento “cero”, con una “explosión” y aún está en expansión.


Durante las últimas décadas ­–sin entrar en criterios técnicos específicos ­–, la ciencia ha ido especulando sobre la naturaleza de los elementos de esa “primera explosión”, el tamaño y que existía antes del Big Bang.

En 2006 el premio Nobel de física, se otorgó a dos astrónomos estadounidenses llamados John C. Mather y Georfe F. Smoot.  Sus investigaciones se basaron en las mediciones realizadas con ayuda del satélite COBE, lanzado por la NASA en 1989, determinando lo que pasó durante los primeros segundos tras el Big Bang. La simulación gráfica de ese estudio en un “esquema” –en forma de cono geométrico tridimensional–, representaba la dimensión y expansión del universo desde un punto inicial “cero”.


Las últimas observaciones de la NASA, determinan que la gran parte del universo que conocemos, fue predeterminada en una trillonésima de segundo en el inicio del Big Bang. La ciencia aún no tiene una única voz sobre si el universo es infinito o finito. La última teoría sobre el origen del universo de Stephen Hawking, desarrollada en colaboración con el profesor Thomas Hertog, de la universidad KU Leuven, ha sido publicada por el Journal of High-Energy Physics (2018). La teoría predice que el universo es finito.


La ciencia en la actualidad tiene “dos dolores de cabeza” ­–entre otros–, en relación con la teoría del Big Bang. ¿Qué existía antes del Big Bang?,  ¿Qué creó el Big Bang?.


Como decía Hawking: “El gran misterio central del Big Bang es explicar cómo todo un universo increíblemente enorme en espacio y en energía puede materializarse de la nada”.


Para entender la explicación que propone la ciencia, hay que conocer las diferencias entre física clásica y física cuántica.  En el nivel “macro” –considerando como macro todo lo que tiene un tamaño superior al átomo– se aplica las leyes de la física clásica. En el nivel “micro” –considerando como micro todo lo que tiene un tamaño igual o inferior a un átomo–, se aplica las leyes de la física cuántica­. La ciencia en la actualidad no puede unificar “los dos mundos” en una única teoría–aunque está avanzando como veremos luego–.


Un ejemplo sería que la teoría del Big Bang no cumple la primera ley de la termodinámica ­–física clásica­– que dice que la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. En la teoría del Big Bang, la energía salió de la nada según la ciencia.


Como hemos visto, la ciencia postula que antes del Big Bang no existía nada. En “esta nada” se originó una fluctuación cuántica que creo la energía y el espacio. Por azar, se creo la “primera partícula” –más pequeña que un protón–, de donde proviene todo. Analicemos con más detalles esta respuesta de la ciencia.


El universo fue en algún momento de dimensiones subatómicas, aquí es donde entra la mecánica cuántica. Hawking decía “a esa escala, partículas como los protones se comportan de acuerdo con las leyes de la naturaleza que llamamos mecánica cuántica. Y realmente pueden aparecer al azar, durar un tiempo, desaparecer de nuevo, y reaparecer en algún otro lugar” .

Para crear el universo –todo– solamente hace falta tres ingredientes, energía, masa y espacio. Así lo describe Hawking “El primero es materia —cosas que tienen masa—. La materia está a nuestro alrededor, en el suelo, debajo de nuestros pies y alrededor nuestro en el espacio”. “Lo segundo que se necesita es energía. Incluso si nunca lo hemos pensado, todos sabemos qué es la energía. Es algo que encontramos todos los días. Miramos al sol y podemos sentirla en nuestra cara: energía producida por una estrella a ciento cincuenta millones de kilómetros de distancia”, “La tercera cosa necesaria para construir un universo es espacio, mucho espacio.

Podemos calificar el universo de muchas maneras: impresionante, hermoso, violento, pero algo que no le podemos llamar es estrecho. Donde quiera que miremos vemos espacio, más espacio y aún más espacio, estirándose en todas las direcciones” .


Hasta el siglo XX, la ciencia no sabia de donde podía venir la materia, energía y espacio necesaria para crear el universo. La respuesta llego por uno de los científicos más prolifero de la historia de la humanidad, Albert Einstein­. Con su famosa fórmula de la equivalencia de la energía con la masa E = m c2, llegó a la conclusión que la masa ­–materia– y la energía son básicamente lo mismo. Ahora de los tres elementos necesarios para construir el universo, solamente hacían falta dos: energía y espacio. Hawking: “en lugar de tres ingredientes, podemos decir ahora que el universo tiene sólo dos: energía y espacio.


El Big Bang creo una enorme cantidad de energía positiva y simultáneamente la misma cantidad negativa, es decir, que se equilibren en cero. La ley universal de la naturaleza de equilibrio de energía, era necesaria para la creación del universo. La ciencia explica que todo el espacio del universo, es un “almacén” de energía negativa. Todo lo que no es espacio, es energía positiva. El Big Bang creo también el tiempo.


Se habían definido los dos elementos necesarios para crear el universo –energía y espacio–, ¿Pero de donde salían?. En la actualidad se continua con la única teoría –generalizada en la ciencia– que esos elementos aparecieron de la nada, es decir, antes del Big Bang no había nada.

La ciencia está buscando esa “primera partícula”, denominada “la partícula divina” en argot coloquial. Para algunos científicos esa partícula es el bosón de Higgs.


Somos polvo de estrellas es literal para la ciencia, como afirma Kevin Nelly. Esta expresión manifiesta que la mayoría de los átomos, se produjeron de partículas más pequeñas procedentes de las estrellas desaparecidas –el cálculo cósmico dice que el 90% de los átomos–. Si “tiramos más para atrás”, llegamos al Big Bang. Todo lo que existe en el universo, tiene como “padre lejano”: el Big Bang.



Análisis desde la Cábala


Si en la Cábala el único acto de fe –por no poder explicar– es la existencia del Ein Sof,  que el Big Bang se creó de la nada y este creo la energía y el espacio, de manera simultanea, esa es la “fe” de la ciencia –por no poder explicarlo­–. Para la Cábala, la energía no se creo de la nada como dice la teoría del Big Bang. Existía el Ein Sof que tenia luz –energía con inteligencia– infinita y “ocupaba todo”, es decir, sólo existía la luz –or en hebreo­–.


El Ein Sof decidió realizar una auto contracción para crear un vacío –janal panui en hebreo– y este es el espacio para la ciencia. Existieron dos contracciones del Ein Sof. La primera denominada tzimtzum alef que fue “fallida” y el Ein Sof volvió a su estado inicial, sin vacío –esta primera contracción será ampliada en unos párrafos posteriores–. La segunda auto contracción se denomina tzimtzum bet, y coincide casi plenamente –con otras palabras o conceptos según algunos científicos– con lo que la ciencia denomina Big Bang.


Para entender mejor el concepto de la auto contracción –tzimtzum–, en su sentido literal, el Ein Sof retiró toda su energía creando un espació para que pudiera dar lugar a la creación –espacio de la ciencia–. Posteriormente trazó un “hilo” de energía dentro del vacío creado.


En términos científicos, la teoría de la Cábala para la creación del universo por auto contracción con presencia de una energía previa –Ein Sof–, si cumple la primera ley de la termodinámica –física clásica–, a diferencia de la teoría del Big Bang.


Para la Cábala, la nada no existe. El símil sería que el Big Bang es la auto contracción del Ein Sof para crear el vacío. La nada absoluta de antes del Big Bang que dice la ciencia, en la Cábala sería la presencia de la energía infinita del Ein Sof.


La materia, es energía para la Cábala en un estado más denso de energía ­–que proviene del Ein Sof–, es decir, lo mismo con diferentes magnitudes de energía. La materia está compuesta de átomos y los átomos son energía.


La energía negativa que menciona la ciencia y que es creada por el espacio –al iniciarse el Big Bang–, para la Cábala es el vacío que también tiene energía negativa. La energía positiva para la ciencia, es todo aquello que no es espacio. Para la Cábala, como hemos visto antes, la masa o materia es energía en un estado más denso, es parte de la luz –energía– del Ein Sof, y también tiene energía positiva.


Si toda la luz del Ein Sof entrara en el vacío, al ser infinita, volvería a llenar de energía el vacío que el propio Ein Sof había creado y en consecuencia ya no existiría energía positiva y negativa necesaria para crear. Eso es lo que pasó en la primera contracción que realizó el Ein Sof –tzimtzum alef–. Después de la “fallida” en la creación del primer vacío, el Ein Sof realizó una segunda auto contracción –tzimtzum bet–, creando un “sistema” regulador de la cantidad de energía que el Ein Sof “haría entrar” en el vacío.


Es como una especie de transformadores de energía –similar a lo que sucede para transportar la electricidad desde la central eléctrica a los hogares donde existen una serie de transformadores que reducen el voltaje de la electricidad– . A este primer transformador la Cábala lo denomina masaj. A la primera energía proveniente del Ein Sof que está en el vacío, la Cábala la denomina reshimó. Ahora la energía, no sólo ha disminuido su magnitud –como si hubiera reducido el voltaje– sino que también ha pasado de ser infinita a finita –dentro del vacío creado–. El vacío pasa a tener energía “propia”, aunque en el fondo es la misma energía –del Ein Sof– con magnitudes diferentes. El universo creado es finito. Lo que es infinito, es el Ein Sof para la Cábala.


Dentro del vacío, además del primer transformador –masaj–, el Ein Sof crea varios transformadores más. La Cábala los denomina mundos con los nombres de Adam Kadmón, Atzilut, Briá, Yetzirá y Asiá. El flujo energético de manera ordenada sería: auto limitación de la energía del Ein Sof dando lugar a una energía llamada reshimó, dentro de Adam Kadmón. Mediante el primer transformador denominado masaj, la energía pasa a un segundo transformador llamado Atzilut y así sucesivamente hasta llegar al último transformador llamado Asiá. En este último, la energía es donde tiene su mayor grado de densidad y se crea la materia. En Asiáes donde está la vida humana –parte material­ del ser humano, veremos más adelante que para la Cábala la conciencia humana tiene características no materiales–.